viernes, 6 de agosto de 2010

Mandalas de lana (II)


Mandala realizado por Montse Pedrera
Existe entre los indios huicholes, o wixakiras, habitantes de Sierra Madre Occidental (México), la tradición de realizar un "Ojo de Dios" como regalo de nacimiento a cada criatura: entrelazan dos palos de madera y tejen entre ambos con lana o hilo diferentes bandas de color, organizadas alrededor de un centro. Se celebra un ritual de danzas en el cual se "proyecta" el ojo de Dios sobre la cabeza del recién nacido, para pedir protección sobre él. Por cada año que cumple el niño o niña, se realiza un nuevo "ojo" y se repite el ritual de la danza. Así hasta los cinco años. Se cree que ésta es la edad la criatura ya está "lista para explorar el mundo" con sus propios pies. Entonces, se entrelazan los cinco "ojos" en una especie de cruz y el propio niño o niña realiza la danza junto a los otros celebrantes. Este objeto se conserva como un "tótem" de protección personal.
Tuve la oportunidad, hace algunos meses, cuando estaba a punto de nacer mi hija, de participar en un taller de mandalas de lana basado en la técnica de los huicholes. Una india mexicana había viajado hasta España y contactado con un centro de terapias naturales donde aprendieron a realizar el "ojo de Dios". Ellos fueron los organizadores del taller donde fuimos mi amiga Montse y yo para aprender también la técnica de ojo de dios, que es la base para hacer el mandala de lana (superposición de dos "ojos").
Fue una sesión de sábado estupenda, estimulante y muy creativa. En el grupo la mayoría éramos mujeres, pero también vino un papá con su hijo, de siete años. El pequeño ya era un experto en mandalas, pues había participado en otros talleres. Tras un minuto de centrado y silencio individual, escogimos colores y tamaños de los palos. Después, nos dejamos llevar, fluyendo con los hilos en el trenzado que fue diseñando el mandala. Cuando de realiza un ojo de Dios o mandala para alguien, a modo de obsequio, se debe pensar en esa persona y los colores que escojamos tendrán mucho que ver con el tipo de "vibración" que aquella persona necesita o que está en armonía con ella.
Ojo de Dios hecho para Èlia, mi hija
Yo escogí los colores pensando en mi futura hija, pues quería que ella tuviera, como los indios huichole su propio "ojo de Dios" y me salió una composición de dorados y anaranjados, que, según una de las experimentadas monitoras del curso, era estimuladora del apetito... Casualidad o no, mi hija acaba de cumplir los cinco meses, pesa ocho hermosos quilos, sigue la lactancia materna y está comenzando a degustar la papilla de fruta con agrado. Nada más nacer, se agarró a la teta con pasión, ¡y eso que tras la cesárea tardé cinco días en tener leche!
Realizar un ojo de Dios es bastante fácil y los mandalas ya requieren un poco más de habilidad, pero no mucha más. He hecho algunos mandalas y ojos a modo de práctica en mi casa. La mayoría los he regalado a familiares y amigos.
Con los mandalas de lana pueden hacerse también móbiles para colgar y broches.
La experiencia resulta tan relajante y ayuda al centrado tanto como los típicos mandalas para colorear.
Me encantaría poder ponerla en práctica con mis alumnos, quízas en un taller de plástica, en cuanto tenga la oportunidad. El próximo año me toca otra vez ser especialista de inglés, así que en principio montar este taller será un poco más difícil que siendo tutora, como ha sido el caso de este año... La verdad es que ser tutora te da mucho más margen para poner en práctica experiencias como esta, ya que puedes flexibilizar el horario y la programación de acuerdo con el desarrollo del grupo... Ya veremos...
En la ilustración superior podeis ver un mandala hecho por mi amiga Montse Pedrera, con quien compartí la sesión de mandalas. 

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