lunes, 25 de octubre de 2010

La importancia de dar

En estos tiempos tan convulsos, en que tantas personas inician un camino de búsqueda personal, de reinvención, de mejora, estamos muy centrados en lo que queremos conseguir, pero valoramos muy poco lo que tenemos que dar.

Mi buena amiga Amelia, maestra ahora retirada del colegio pero no de su función, ya que sigue ejerciendo como tal fuera de él,  suele repetirme, ante cualquier nuevo reto, "averigua qué tíenes para ofrecer". 

En este momento me encuentro en una de esas encrucijadas que suponen incertidumbre y cierta ansiedad. Dentro de poco finalizaré mi permiso de maternidad y me incorporaré como especialista de inglés en una escuela a la que me han destinado provisionalmente. No contaba con ello, pues en principio, tras aprobar las oposiciones, debía estar dos años en mi escuela anterior y lo cierto es que allí me encontraba muy a gusto, ejerciendo por primera vez como tutora de un grupo de ciclo superior.

Cuando me suceden cosas así, intento ver el lado positivo y me consuelo diciéndome aquello de "a ver qué aprendo yo de esta experiencia". Aprender y Aprehender se asemejan no solo en la fonética y en la ortografía. El significado de ambas palabras está entrelazado. Tiene que ver con tomar, con quedarse con algo. Puede ser un conocimiento, una nueva comprensión, o algo material. En todo caso, yo incorporo algo a mi experiencia. Este nuevo "azar" del destino me ha llevado algo ni esperado ni previsto.

Existen muchos caminos en la búsqueda personal de crecimiento. Podemos leer libros y blogs, asistir a conferencias y cursos, participar de charlas y debates, intercambiar impresiones en diferentes foros, hacer un trabajo físico que influya en nuestro estado mental, practicar yoga, meditación o recitar oraciones.

Aquí dedicaré unas líneas a este último camino, el de la oración. Entre los lectores de este blog quizá se encuentren algunos creyentes o seguidores de alguna fe religiosa. Sin embargo, si no eres creyente o si te sientes incómoda o incómodo con las referencias religiosas que haré a continuación, puedes mirártelo desde la perspectiva humanista, espiritual o simplemente cultural. Puedes substituir la palabra Dios por otra con la que te sientas más cómodo... Y, por supuesto, como siempre, eres libre de seguir leyendo o seguir "navengando hacia otros mares"...

Unos días antes del nacimiento de mi hija me puse a leer "The Source of Miracles", un librito escrito por Kathleen Mc Gowan que repasa los seis puntos esenciales de la oración del Padrenuestro, descritos como los seis pétalos de una rosa, imagen semejante a la de los rosetones que encontramos en las fachadas de algunas iglesias. Como he dicho, la oración puede ser un instrumento de interiorización y búsqueda personal, y muy potente, por cierto. Pero por lo que he visto y he experimentado, la mayoría de nosotros la utilizamos para "pedir" algo a un Proveedor Universal, ya sea para nosotros o para los demás.

En la obra de Mac Gowan encontré una interesante reflexión sobre esta oración universal, recitada por cristianos de todas las confesiones existentes alrededor del mensaje de Jesús. Como dice la autora, es una de las pocas cosas que compartimos todos los cristianos con poquísima variación e incluso podría decirse que muchos de los que no se confiesan religiosos también la utilizan como herramienta de interiorización o para encontrar paz, claridad, fuerza, etc..

Ella desglosa la oración en 6 tramos. Y me resultó súmamente revelador que estas frases emitidas por Jesús cuando le preguntaban cual era la manera correcta de dirigirse a Dios situe en cuarto lugar las peticiones personales.
  • "Padre nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. Venga  a nosotros tu Reino..": es el pétalo de la FE. Nos dirigimos a Dios porque lo experimentamos en nuestra vivencia personal.
  • " Hágase tu voluntad...": es el pétalo de la RENDICIÓN. Nos rendimos a la Grandeza de Dios y confiamos en su voluntad.
  • "...asi en la tierra como en el cielo.": es el pétalo del SERVICIO... DEL DAR. Está en nuestra mano ofrecer lo mejor de nosotros mismos para crear el Cielo en la Tierra.
  • Y entonces viene el cuarto pétalo, el de la ABUNDANCIA: "Danos hoy nuestro pan de cada día."
Es decir, antes de pedir lo que necesitamos, hemos de TENER FE, RENDIRNOS A LA VOLUNTAD DE ALGO SUPERIOR Y DARNOS A NOSOTROS MISMOS.

Entonces, estoy en condiciones de PEDIR lo que NECESITO.No creo que Jesús recitara esta oración de esta manera por casualidad. Se trata de la oración de un Gran Maestro y si nos interesamos mínimamente por lo que la historia  y los evangelios relatan de su vida y de su vocación sabemos que toda ella es una enseñanza dirigida especialmente a mostrarnos un camino de revelación, que va más allá de las confesiones, los dogmas y las religiones. Es un camino personal, como otros se han escrito y que puede tomar aquel que se sienta a gusto con él, que vibre con él...
  • Los siguientes pétalos de la oración son los del PERDON, LA SUPERACIÓN DE LOS OBSTÁCULOS y EL AMOR, que sería la culminación, el "broche de oro" de la oración.
Jamás me había puesto a pensar en lo profundo de esta oración que algunos recitamos de memoria en nuestra primera comunión, en misa o que simplemente olvidamos con el tiempo... Cuando me tomé el tiempo para mirarla con estos nuevos ojos, utilizando el símil de la rosa de seis pétalos, el Padrenuestro cobró un nuevo sentido para mí.
Dar es mucho más que ser buenos "por que toca", porque lo dice tal o cual religión o porque se espera de nosotros la caridad para solucionar los problemas de otros.
  • En el dar nos afirmamos como personas... Hablo de nuestra vocación, aquello a lo que nos dedicamos para ganarnos la vida siguiendo una llamada -"vocación" viene de "vocare", o sea, de "voz", "llamada"-o realizamos como acto de voluntariado. En ambos casos, damos mucho más de lo que tomamos.
  • En el dar nos ponemos en contacto con los otros. Los seres humanos hemos salido adelante gracias al espiritu de cooperación. Cooperando nos hacemos grande como seres humanos que somos. Es un acto comunicativo. Creamos lazos afectivos, de amistad, de humanidad...
  • En el dar vamos más allá de nuestro ego, de nuestras pequeñas miserias... O sea, trascendemos nuestra pequeña realidad y avanzamos hacia otras realidades más grandes y auténticas. Somos creadores de nuevas realidades.
  • En el dar experimentamos la grandeza del agradecimiento. Éste es un valor de primer orden. Agradeciendo abrimos la puerta de la abundancia, para nosotros y para los demás... Cuando alguien nos agradece, simplemente de palabra y con sinceridad, nuestro acto de servicio, estamos dispuestos a dar más... Piensa en las veces que no te ha apetecido seguir dándote -tu tiempo, tu dinero, tu sonrisa...- cuando el otro no ha sido agradecido.
Seguro que tú misma y tú mismo puedes encontrar una multiplicidad de valores en el acto de servicio. Sólo piénsalo un instante. Y averigua qué tienes para ofrecer.

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